Cuando una persona recibe un diagnóstico de salud mental, suele perder algo que nadie le quita a propósito: su nombre. Empieza a ser presentada por su condición antes que por su historia, sus gustos o su oficio. El diagnóstico ocupa el lugar de la persona.
En Proyecto IDEA trabajamos con una idea sencilla: de cerca, nadie es normal. Todos tenemos manías, miedos, días difíciles y formas propias de ver el mundo. Lo que nos define es mucho más amplio que cualquier etiqueta.
Para qué sirve un diagnóstico
Un diagnóstico es una herramienta clínica valiosa: orienta un tratamiento y ayuda a entender lo que alguien está viviendo. El problema aparece cuando se convierte en identidad y en la única forma de mirar a alguien. Ahí empiezan el estigma, el aislamiento y las oportunidades que se cierran.
Conocer a la persona
Por eso en IDEA preguntamos primero quién es cada participante: qué le gusta, qué extraña, qué sabe hacer, qué quiere aprender. Ángel extraña abrir cacao en el campo de Peripa. María empieza cada cuadro con lápiz, luego pluma y después pintura. Diego se inspira en Dalí y Picasso. Esa es la información que nos permite acompañarles.
Hablar de personas antes que de diagnósticos también cambia el lenguaje. Decimos persona que vive con esquizofrenia, artista, participante, compañera. Son detalles pequeños que, sumados, construyen una sociedad donde todos tienen lugar.
Te invitamos a hacer el ejercicio: la próxima vez que escuches una etiqueta, pregunta por el nombre y por la historia. De cerca, siempre hay mucho más.


